La recesión gingival cambia bastante la forma de planificar un implante: no basta con colocar una pieza estable, también hay que proteger la encía, la estética y la higiene a largo plazo. En este artículo explico cuándo un implante sigue siendo viable, qué papel tiene el injerto de encía, cómo se diseña la prótesis y qué errores conviene evitar para no comprometer el resultado. Si el tejido es fino o el margen gingival ya está retraído, la diferencia entre un buen caso y uno problemático suele estar en los detalles que se deciden antes de la cirugía.
Lo más importante antes de tratar una encía retraída alrededor de un implante
- Primero hay que distinguir si el problema es solo estético o si ya existe inflamación periimplantaria, pérdida de hueso o infección activa.
- La prótesis por sí sola no corrige una recesión importante: puede disimular, pero no sustituye al tejido blando perdido.
- El injerto de encía suele buscar más grosor y estabilidad que una cobertura perfecta en todos los casos.
- Los tiempos reales se miden en semanas para la encía y en meses para la integración del implante y las rehabilitaciones complejas.
- Fumar, apretar los dientes y una higiene difícil reducen bastante las probabilidades de un buen resultado.
- En zona estética, el diseño del provisional y del pilar influye tanto como la cirugía.

Cómo valoro si el problema está en la encía, en el hueso o en la prótesis
Cuando veo un caso con encía retraída alrededor de un implante, yo no empiezo por la corona, sino por la causa. La recesión puede deberse a un biotipo gingival muy fino, a una mala posición del implante, a una higiene difícil, a sobrecarga mecánica o a una inflamación periimplantaria que está haciendo perder soporte. Gaceta Dental recuerda además que, a diferencia del diente natural, en el implante no existe ligamento periodontal y el sellado mucoso es menos resistente; por eso cualquier agresión mecánica o inflamatoria se nota antes y se corrige peor.
Lo que reviso de entrada es bastante concreto:
- Si hay sangrado, supuración o mal olor, porque eso ya no es solo un problema estético.
- Si existe pérdida de hueso alrededor del implante, algo que cambia por completo el plan.
- Si la encía queratinizada es suficiente para limpiar sin dolor ni retracción progresiva.
- Si la prótesis tiene un perfil de emergencia demasiado abultado y está empujando el tejido hacia apical.
- Si el paciente fuma, aprieta los dientes o presenta antecedentes de periodontitis.
Este primer filtro importa porque un implante bien osteointegrado puede seguir fallando estéticamente si el tejido blando está comprometido. Y, al revés, una encía retraída no siempre obliga a retirar el implante: a veces basta con replantear el tejido y la prótesis. Con eso claro, ya se puede decidir qué técnica tiene sentido de verdad.
Qué tratamiento suele encajar mejor según el defecto
No todas las recesiones se tratan igual. En implantología, yo separo los casos por tres preguntas: cuánto tejido falta, si el hueso acompaña y dónde está el implante dentro de la arcada. En un sector posterior, una pequeña irregularidad puede ser asumible; en el frente anterior, la misma recesión puede arruinar el resultado visual aunque el implante esté perfectamente integrado.
| Situación clínica | Qué suelo considerar | Qué resuelve mejor | Límite habitual |
|---|---|---|---|
| Encía fina, pero implante estable | Injerto de tejido conectivo, matriz de colágeno o aumento de volumen blando | Ganar grosor, mejorar el sellado y reducir la transparencia de la prótesis | No corrige una gran pérdida ósea |
| Recesión leve en zona estética | Cirugía mucogingival + provisionalización bien contorneada | Mejorar el margen gingival y la transición entre encía y corona | Depende mucho del biotipo y de la altura ósea |
| Inflamación periimplantaria activa | Primero desinflamar, descontaminar y estabilizar | Evitar que la recesión siga avanzando | No conviene maquillar el problema con una corona nueva |
| Falta de soporte óseo | Replanteamiento quirúrgico, regeneración ósea o cambio de estrategia protésica | Crear una base real para el implante | Alarga el tratamiento varios meses |
Cuándo conviene injertar antes, durante o después del implante
El momento del tratamiento cambia mucho el resultado. Hay casos en los que conviene preparar primero la encía y después colocar el implante; otros en los que se puede trabajar de forma inmediata; y también hay pacientes que llegan con el implante ya colocado y la recesión aparece más tarde, cuando el tejido se ha asentado. Gaceta Dental recuerda que un injerto de encía suele ser una cirugía relativamente corta, a menudo de alrededor de una hora, mientras que Mayo Clinic advierte que la rehabilitación implantológica completa puede llevar varios meses por la osteointegración.
- Antes del implante: lo prefiero cuando la encía es muy fina, la zona es estética o necesito mejorar el tejido antes de cargar una prótesis exigente.
- Durante la colocación: puede hacerse si el defecto es limitado y el entorno está muy bien controlado, pero no lo fuerzo si compromete la estabilidad.
- Después del implante: lo reservo para recesiones que aparecen tras la integración o para corregir un margen que ha quedado demasiado expuesto.
En cuanto a tiempos, hay que hablar claro. La encía suele mostrar una cicatrización inicial en 1 a 2 semanas, aunque el tejido sigue madurando durante más tiempo. Si además hace falta regeneración ósea, el tratamiento puede irse con facilidad a varios meses, y no es raro que el proceso completo ocupe entre 3 y 6 meses o más según el caso. Yo suelo advertir al paciente de algo muy concreto: la encía puede cerrar pronto, pero eso no significa que el resultado final ya esté listo.
La decisión, por tanto, no es “implante ahora o nunca”, sino “qué secuencia me da mejor estabilidad, estética y acceso para limpiar”. Y cuando esa secuencia está bien pensada, la prótesis deja de ser un parche y pasa a formar parte del plan biológico.
Cómo se diseña la prótesis para que no vuelva a verse el problema
En un caso con recesión gingival, la prótesis importa más de lo que mucha gente cree. Un buen implante puede quedar comprometido si la corona tiene un perfil de emergencia demasiado agresivo, si el margen protésico se coloca donde acumula placa o si el material deja ver sombras grises bajo una mucosa fina. Por eso, en zona anterior, yo suelo priorizar un diseño que ayude a sostener el tejido y a limpiar sin forzar.
- El perfil de emergencia debe acompañar a la encía, no empujarla.
- El pilar puede influir en la transparencia del tejido cuando la mucosa es muy delgada.
- Las prótesis atornilladas suelen facilitar el mantenimiento y la retirada si hay que revisar tejidos.
- Los provisionales son muy útiles para modelar la encía antes de la corona definitiva.
- El acceso a la higiene tiene que quedar resuelto desde el diseño, no improvisado después.
Cuando el defecto es leve, a veces basta con una buena provisionalización y un ajuste fino del contorno. Cuando el defecto es mayor, la prótesis sin cirugía se queda corta. Lo repito porque es una de las confusiones más habituales: una corona bonita no sustituye a una encía sana, del mismo modo que una encía bien trabajada no compensa una mala planificación protésica. Ambas cosas tienen que encajar.
Los errores que más complican un caso con recesión
Los problemas que veo repetirse casi siempre tienen que ver con expectativas poco realistas o con un orden de tratamiento mal planteado. El paciente suele pensar en estética, pero el fallo casi nunca empieza por la estética; empieza por inflamación, higiene o biomecánica. Si no se corrige eso, el tejido vuelve a retraerse o la prótesis acaba generando más presión de la necesaria.
- Colocar el implante sin controlar antes una periodontitis o una periimplantitis activa.
- Intentar resolver una recesión importante solo con la corona.
- Dejar un acceso de higiene pobre en una zona donde el paciente ya limpia con dificultad.
- Ignorar el tabaco, que sigue siendo uno de los factores que peor condiciona la cicatrización.
- Pasar por alto el bruxismo, porque la carga repetida acaba castigando el tejido blando y la prótesis.
- Esperar un resultado inmediato cuando todavía faltan semanas de cicatrización y meses de remodelado.
También me parece importante no vender falsas certezas. No todas las recesiones se cubren al cien por cien, y no todos los biotipos responden igual. El objetivo realista suele ser mejorar el grosor, estabilizar el margen y conseguir una estética coherente con la boca del paciente, no perseguir una perfección quirúrgica que luego sea frágil. Esa forma de pensar ahorra muchas revisiones y bastante frustración.
La decisión que protege mejor el resultado a largo plazo
Si tuviera que resumir la estrategia en una sola idea, sería esta: primero estabilizo el tejido, luego diseño la prótesis y solo después busco el acabado estético final. Cuando se invierte ese orden, el implante puede seguir funcionando, pero la encía suele delatar el error tarde o temprano. En cambio, cuando el periodonto, el implante y la prótesis trabajan juntos, el resultado se ve más natural y también se mantiene mejor con el paso del tiempo.
En un paciente con recesión gingival, yo no me quedo solo con la pregunta de si “se puede poner un implante”. Me interesa más si ese implante podrá integrarse con una encía estable, si la higiene será sencilla y si la prótesis no va a empujar el problema hacia delante. Esa es la diferencia entre una rehabilitación que se coloca y una rehabilitación que realmente envejece bien.